viajar...

“Pero viajar no es un empeño en busca de lo imaginado, no es la persecución de algo que uno quiere ver, cerrando los ojos a todo lo demás. No es un deporte hecho para los que están seguros de lo que son, qué quieren y adónde van. Una sola pregunta puede justificar un gran viaje y el viaje está hecho para aquellos que no saben muy bien hacia dónde se dirigen ni conocen con exactitud lo que buscan. Está hecho para los que intuyen que encontrar no es lo importante y que cumplir un sueño puede ser, sobretodo, darse de bruces con la aventura. Es cierto que regresamos siempre, pero no debe viajarse con la intención de hacerlo. Viajar tiene algo de nacimiento"

Javier Reverte.
El Sueño de África.

06 março 2008

SUPERSTICIONES Y OTROS ANIMALES.

Hay un amuleto italiano por excelencia que trae "buena suerte" y "aleja las malas energías": se llama Gobbo. Para quien no lo sepa, un Gobbo, es un hombrecillo que luce un sombrero de copa negro, una joroba a la espalda, una herradura de caballo en una mano, mientras con la otra mano hace los cuernos hacia a fuera para alejar malas energías, y para rematar el amuleto; a partir de la cintura, el cuerpo del Gobbo termina en un puntiagudo cuerno rojo símbolo de Napoles. En fin, que para l=s supersticios=s y en especial para l=s italian=s, es el amuleto por excelencia que lleva toda la suerte y protección que se puede desear.
Dos días antes de mi partida a esta gran aventura, viajó desde Italia una mujer muy especial en mi vida. Es una hermanita mía italiana que vino a Madrid a desearme buena suerte en mis proyectos y a cumplir una promesa que hace años nos hicimos. En un acto de intercambio de regalos me dijo que en un viaje a Napoles compró un Gobbo especialmente para mi viaje. El Gobbo colgaba de un llavero y le prometí que cuando encontrase nuestra furgo, lo colgaría de las llaves para que nos alejara de las malas energías. Ese día llego, emocionadas compramos nuestra Bonita y Poderosa y lo primero que hice fue colgarle el Gobbo a las llaves. Al día siguiente por la mañana nos llegaron malas noticias desde Madrid e immediatamente me di cuenta que al Gobbo le faltaba la mano en la que llevaba la herradura. Puf, mal rollo. Una piensa que no es supersticiosa pero...puff, mal rollo. Dos días después decidimos que era muy arriesgado tener una única llave de la Bonita y Poderosa. Así que estando en la tienda, mientras un tipo tenía bastantes problemas para hacer la copia de la llave a Marta se le calló de las manos el Gobbo. Literalmente quedó decapitado, sin la punta del cuerno de Napoles y sin la herradura. Marta y yo nos miramos, el tipo no conseguía hacer la copia de nuestra llave, hubo silencio y no quisimos hablar sobre el tema...porque una, al fin y al cabo, no es supersticiosa pero...puff, mal rollo. Al día siguiente la Bonita y Poderosa se rompió por varias partes como el Gobbo, pasando dos días terribles en un taller. Así que decidimos que la cabeza del Gobbo decapitado colgando de las llaves definitivamente nos daba muy mal rollo. Una piensa que no es supersticiosa pero hay casualidades que simplemente...puff, dan mal rollo.

Así que¡¡¡ JUL!!!, te agradecemos mucho el regalo que desde Italia nos regalaste para la Bonita y Poderosa, pero con toda nuestra buena energía hemos tirado al Gobbo y todas sus partes al río más bonito que hemos visto. Ahora descansa debajo de una impresionante cascada en el Parque Nacional de Yosemite.
Allí, en Yosemite, recorrimos caminos que nos advertían que nos introducíamos en el hábitat natural del león de montaña, de los osos negros y otros animales salvajes. Daban todo tipo de advertencias y explicaciones practicas de cómo actuar si te encontrabas o eras atacada por uno de ellos y aún así anduvimos hasta 3 km por la nieve, solas por la montaña, para llegar a nuestro destino. Aunque por la noche cocinando en plena oscuridad al mínimo ruido corrimos como locas al refugio de nuestra Bonita y Poderosa. En Monte Rey pasamos el día en el Acuarium viendo animales que ni siquiera salen en los docus de la 2. Con la nariz pegada todo el día a las impresionantes peceras, descubrimos miles de anémonas que efectivamente son de otro mundo. El mundo submarino. El Acuario de Monte Rey reproduce el mundo submarino de la bahía con sus larguísimas algas que en sus cientos de metros albergan una fauna marina impresionante. Hay una sala enmoquetada que en el techo tiene una pecera llena de sardinas, y Marta y yo como la que se tumba a mirar las estrellas nos quedamos allí haciendo la digestión mientras las sardinas daban vueltas sobre si mismas en impresionantes bancos. La segunda planta está dedicada casi exclusivamente a las medusas. Como si fueran cuadros, las peceras iluminadas están enmarcadas al estilo s.XVI y la sala a oscuras, hacen de las miles de tipos de medusas, las protagonistas del día. Después de ver tiburones, atunes más grandes que La Bonita y Poderosa, peces luna, rayas, meros y miles de peces grandes y microscópicos de millones de colores; se nos caía la baba con las nutrias de mar. Allí en Monte Rey las puedes ver desde la playa. También es normal despertarse y ver cervatillos en el jardín del chalet de enfrente, o tener que parar en plena carretera para dejar pasar a una familia de gansos negros, dejarte el cuello viendo pasar un zorro, ver mofetas con su raya blanca a lo largo del cuerpo,buitres que sobre vuelan tu cabeza a menos de 4 metros en los impresionantes acantilados de Big Sur, descubrir en sus playas que es relativamente facil ver ballenas y que te persiga un enorme cuervo negro porque te pide a graznidos que le des papas fritas. Y nosotras las más salvajes del lugar seguimos hacia el sur buscando el calorcito.
Todo esto pasó hace ya unos cuantos días, hemos pasado desde entonces por Santa Cruz, Santa Barbara, Ojai y ahora estamos en Venice Beach. Esta impresionante playa se merece un post entero que pronto publicaremos. Vinimos para un día y tenemos planes hasta el domingo...y es que es imposible redactar todo lo que nos ocurre porque la mayoria de la veces no hay palabras.

























03 março 2008

En nuestra línea. El arte de la improvisación.

“Algo va mal…”, me dice Ainho entre dientes con el volante entre las manos. Yo, con la pata pa’rriba, ganchilleando con las gafas puestas como quien está en el salón de su casa, la miro sin terminar de entender lo que me estaba queriendo decir. “Algo va mal… algo le pasa a la furgo…” Y ahí, tal cual, la Ainho se tira a la cuneta y la furgo en off. Muerta. No arrancaba. Nada. Cinco minutos después aparece un madero, nos acercamos a su ventanilla y le contamos el percal. Nada más mirar dentro del coche entendí porqué el tipo no se bajaba; además de un ordenador portátil en su lateral derecho, su mano derecha agarraba una especie de metralleta atómica situada junto a su asiento. Muy seguro de sus palabras nos dice que en media hora alguien vendrá a por nosotras. Casi una hora después, asumiendo que el del uniforme nos había dejado ahí tiradas, rescaté un minuto de la batería de mi móvil para llamar al número de emergencias que tantas veces había visto por las esquinas de San Francisco. Nos prometen otra grúa en media hora. Justo el día antes acabábamos de pillar el seguro para la furgoneta “El más baratillo, tú danos el más baratillo” El más baratillo no incluye grúa, por supuesto. Se planta otro madero al rato, el cual, con otra metralleta atómica junto a su asiento nos hace un tercer grado y se despide de nosotras con un “Bye, bye” por los altavoces del carro que le pone el estado. Finalmente aparece la grúa, con un tipo majísimo con un aire a Michael J. Fox en Regreso al futuro III que al preguntarle por el precio nos dice “200 pavos la hora”. “Vamos que nos vamos, enchufa la furgo y llévanos a un taller VW”. A la velocidad del rayo, con un aire solidario donde los haya, nuestro Michael enchufa nuestra furgo a su versión grúa-De Lorean y nos lleva hasta un taller VW que sería nuestro paradero durante casi dos días. Nos cobró tan sólo media hora y nos dejó en manos del doctor de nuestra bonita poderosa, que diagnosticó un regulador nuevo y luego extendió su diagnóstico al alternador entero. Al ver el tamaño de la pieza, nueva y reluciente, Ainhoa y yo no nos atrevíamos ni a preguntar cuánto nos iba a costar la gracia. Después del susto, al menos la gracia no fue tan cara. Con nuestro alternador nuevo y un chequeo al completo, salimos escopetadas del taller y pusimos rumbo directo a Yosemite.
Para quien no lo conozca, Yosemite es un Parque Nacional donde los haya. A estas alturas de año, el valle y las montañas están completamente cubiertas de nieve. Lo mejor de todo fue caer en días de sol. Paseamos por el parque y vimos preciosas cascadas, varios coyotes, ardillas por un tubo, ciervos, muros de granito de más de mil metros de altura, enormes secuoyas, y para pena de Ainhoa nos quedamos sin ver un oso, suerte que tuve yo hace unos años cuando fui a Yosemite con mi hermano. Je. Pasamos la noche en el valle, cocinamos a noche cerrada con permiso del señor guarda forestal en un lugar plagado de carteles que decían “Cuidado con los osos”, y durmimos en nuestra Poderosa completamente rodeadas de nieve.
Y ahora, tras disfrutar de la belleza y altura de Yosemite, nos encontramos en la costa, al norte de la Bahía de Monterrey en una ciudad llamada Santa Cruz. El ambiente que se respira es el de cientos de tiendas de ropa de segunda mano, arena, surf y viejas volkswagen, mezclados con un paseo marítimo que consiste en un parque de atracciones con su montaña rusa y sus palomitas. Ver para creer. Tras una improvisada borrachera de domingo, este lunes está plenamente dedicado a nuestra correspondiente resaca, y mientras saco estas palabras con sacacorchos de mi cerebro, la Ainhoa dedica sus neuronas a ganchillear frente a un enorme televisor en el que el discovery chanel nos cuenta cómo funciona nuestro cerebro y los reflejos… esos que justamente ahora no tenemos. En realidad, lo que a nosotras nos apetece es un capítulo de Lost, para qué engañarnos.


Cientos de besos desde la distancia de estas dos libre soñadoras.


25 fevereiro 2008

ES BONITA Y PODEROSA, ES NUESTRA FURGO!

Amanecía un tormentoso día en San Francisco. Debíamos dejar el acogedor Hostal Internacional donde nos hospedamos durante cinco días y dirigirnos hacia casa de Carrie. Salimos cargadas como mulas. A penas habíamos avanzado 20 metros y ya estábamos caladas hasta los huesos. De repente una terrible ráfaga de viento le arrancó de las manos el mapa de San Francisco a Marti. Seguía jarreando y nuestro mapa volaba hacia el mar pero nuestro destino era claro: en Santa Rosa nos esperaba una prometedora furgoneta. ¿Sería esta la definitiva? Anduvimos como caracoles contra viento y lluvia enlazando un autobús con otro. Conseguimos cruzar la ciudad y dejar todas nuestras pertenencias en casa de la familia Spring. Camino del Golden Gate atravesamos el gran parque Presidio por el "paseo de los enamorados". A los pies del gran puente rojo estuvimos esperando 2 horas al autobús 72 que nos llevaría a Santa Rosa. Con un té entre las manos terminamos de rizar el rizo a nuestro deliverado plan para convencer al propietario de la furgo que debía bajarnos por lo menos 1000$ el precio establecido. Utilizando todos nuestros saberes adquiridos tras años de estudio, en Sociología y Pedagogía respectivamente, desarrollaríamos un plan basado en la psicología más retorcida y subjetiva. El propietario debía sentirse involucrado y sentimentalmente participe de nuestro viaje. Así, ablandándole el corazón estaría dispuesto a negociar. Por otro lado, nosotras debíamos aparentar que, entre las miles de horas de biblioteca universitaria, nos habíamos convertido en expertas mecánicas conocedoras del intrincado cableado de motores alemanes. Desde el Golden Gate, en mitad de la baía, la prisión de Alcatraz tenía un aspecto temible. ¿Terminaría nuestro día igual de horrible que el temporal que nos azotaba? A las 16:15 del 22 de febrero (9 horas más en España) el propietario de la furgoneta nos esperaría en la estación de autobuses. Era un tipo joven que irradiaba buen carma, tenía una risa contagiosa y había venido desde su pueblo con la furgoneta. Allí estaba aparcada, una Volkswagen Vanagon de 1988, color plata con los cristales traseros tintados de morado: simplemente era bonita toda ella. Marti inició el previus psicológico que definiría la negociación. Él nos empezó a vender la moto...digo la furgoneta, sin saber que estaba vendida desde el principio. Nos la enseñó de arriba a abajo. Las complices miradas entre Marta y yo delataban nuestros pensamientos: de allí no nos marchábamos sin esa furgoneta. Después de 15 minutos de explicaciones en los cuales quedó claro que no teníamos demasiada idea de mecánica, le dijimos al tipo en cuestión que la queríamos. El propietario, un antiguo surfero californiano entró en el trapo de la negociación. Yo, con mi psicología más retorcida, le dije que de todas las que habíamos visto era la que más nos había gustado y sobre todo era el propietario más serio y fiable que nos habíamos encontrado. Marta le comentó que la furgo tenía el mismo precio que otras furgonetas con Wesfalia (cama arriba) y Full Camper (cocina y todo lo demás). Al principio parecía duro de roer en su precio. Pero nosotras lo eramos más. Se fue a llamar a su mujer. Nosotras pulimos nuestro plan mirando la furgo al dedillo. Volvió, bajo el precio 900$ y, siendo más flexibles de lo que aparentábamos, nos la quedamos. Cerramos la negociación con un apretón de manos, bajo un cielo nublado y una lluvia intermitente en un parking perdido de un pueblo al norte de San Francisco. Tuvimos bastantes problemas para sacar "EL PASTON". Así que tuvimos que regresar a San Francisco sin la furgo pero con una clara determinación: esa bonita furgo mañana sería nuestra. El negocio estaba cerrado, pasamos una última noche de insomnio en casa de la familia Spring. Nos levantamos al día siguiente, también llovía, y otra vez como caracoles hicimos el mismo recorrido hasta Santa Rosa pero esta vez era la definitiva. A primera hora nos plantamos en un banco y contra todo pronostico nuestras visas de crédito, otra vez, no nos dejaban sacar "el paston". Tras media hora, al borde de una ataque de nervios, y carismas negociaciones telefónicas con nuestro banco en España, conseguimos sacar toda la pasta en cuestión. El propietario nos esperaba, fuimos a un taller a pasar el Smog Check (ITV), y allí, en un parking, intercambiamos un sobre hasta los topes de dolares por las llaves de nuestra bonita y poderosa furgoneta. ¡ Ya era nuestra! Las prestaciones de la que hemos apodado Bonita y Poderosa son perfectas. Tiene un motor que suena como la seda, sillones convertibles en cama gigantesca, mesita plegable interior, equipo de música brutal, todas las facturas de los múltiples arreglos y recambios que ha sufrido a lo largo de sus 20 años, un sistema de cortinas que la hacen una casita muy privada, una baca en el techo para la futura tabla de surf de Marti, 4 marchas y frenos en perfectas condiciones, cierre centralizado, capacidad para 7 personas, puerta lateral corredera amplia para hacer camping a nuestra anchas y miles de cosas bonitas que le iremos añadiendo.
Que más decir...estamos simplemente FELICES!































































19 fevereiro 2008

DOS GAMBAS MUY GAMBAS EN CALIFORNIA

Sin duda alguna, si hay algo que tengo que resaltar en lo que llevamos de viaje es nuestra buena mano en esto del arte de la improvisación, por llamarlo de alguna manera. Conseguir que ninguno de nuestros planes se lleven a cabo tal cual los planeamos en un primer momento es algo que todavía no deja de sorprendernos y maravillarnos. Y la verdad, nos gusta. Poner rumbo a un barrio y terminar en otro es algo que está empezando a ser normal en nuestro día a día. Planear un maravilloso día de bici y terminar comprando plantillas de silicona en el barrio de Castro es algo que ya no nos sorprende, incluso nos agrada. Y es que ¿para qué ir hoy si podemos ir mañana? Peligro, peligro. Así nos pasa que vamos a comprar un billete de autobús y nos tiramos dos horas desternilladas de la risa en la sala de espera… con los billetes ya comprados. Pero bueno, la mejor de todas las improvisaciones, la madre de todas nuestras desviaciones, la que más orgullosas nos hace sentir es, sin lugar a duda, la que nos marcamos el domingo pasado. Esta es la historia de cómo pusimos rumbo a Sacramento y terminamos en el pueblito perdido de Roseville.
Amanecimos un bonito dia de domingo a eso de las seis de la mañana dirección Sacramento, un pueblo localizado a tres sencillas horas de San Francisco. No podía ser sino una preciosa furgoneta la que hiciera que madrugásemos de tal manera, con gracia, simpatía e ilusión. La ruta era simple: coger un autobús hasta Emeryville y allí un tren dirección Sacramento. Muy fácil. Llegamos a Sacramento en no sabemos muy bien cuántas horas, pero extrañamente una hora antes de lo planeado, hora durante la cual disfrutamos de las maravillas que Sacramento nos ofrecía, entre otras, una guitarra giratoria gigante del Hard Rock Café, dos maderos arrastrando a un tipo esposado con los vaqueros del revés y a una tierna abuelita que empujaba un carrito ocupado por una pequeña perrita que miraba curiosa todo aquello que le rodeaba. Una vez llegada la hora punta, llamamos al dueño de la furgo para que nos diera un par de indicaciones sobre donde se localizaba su concesionario. Sí, sí, su concesionario… “Riverside esquina con 5th Street”, nos dijo. “Hecho, para allá que vamos” Nos plantamos frente a un mapa y Riverside no aparecía por ningun lado. “¡Ah, mira, la 5th street! Nos la bajamos del tirón y en algún momento tendrá que cruzar Riverside Street” Muy bien, muy listas. Comenzamos a bajar la 5th street y las calles que nos cruzamos fueron las siguentes: J, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, U, V, X… Tras cruzarnos Barrio Sésamo de la A a la Z, ilusas de nosotras, creimos que aparecería Riveside ¡pero no! Para nuestra agotada e ingenua sorpresa empezaron a aparecer números. Llegadas a este punto, bajo un sol de infierno, sin aparente vida a un kilómetro a la redonda, con los sueños de esa maravillosa furgoneta desvaneciendose a cada metro caminado, vimos a un camionero y no dudamos en preguntar por la fantasmal calle de Riverside. El camionero sacó sus gafas, sacó su mapa y dijo que en su plano esa calle no aparecía, pero que al principio de la calle que acabábamos de trillarnos, si cruzábamos el puente, allí habían un montón de calles con la palabra River.

Dimos la vuelta: X, V, U, T, S, R, Q, P, O, N, M, L, K, J… y por fin, el famoso puente. Brillante idea la de Ainhoa de preguntar antes de cruzar: “Riverside ahí no está” nos dijo un tipo, “Está al final de la 5th Street”. Me voy a ahorrar lo que supuso escuchar esto, y me voy a ahorrar el repaso al abecedario. Volvimos a patearnos la 5th street y ahí, al final de la calle, Riverside no existía. Aparecimos en un barrio de casas blancas de porches blancos, césped recién cortado, rancheras aparcadas a la puerta de las casas y dimos con un tipo que nos dijo que Riverside estaba a una milla y media de donde estábamos. Se negó a acercarnos, no se si ya por la pinta de demacradas o porque simplemente era un soplapollas, pero ante eso, mi compañera y yo nos arrastramos rumbo a ninguna parte por los jardines de la solitaria urbanización hasta que finalmente dimos con Ty.
Ty estaba apaciblemente en su jardín regando sus plantas y limpiando su coche, preparándose para ir a echarse unas bolas al golf, cuando le pillamos y le rogamos ayuda. Tras un primer contacto cedió y nos dijo que nos acercaba, pero antes iba a confirmar en Internet la dirección. Confundidas y derrotadas nos dejamos caer en su precioso césped recién cortado. Salió y nos dijo solemne “No la encuentro”. No entendíamos nada, pero nada de nada. Le convencimos para que llamara y el teléfono simplemente no existía “Pero si yo he llamado miles de veces…” le dije, y entonces me dijo que el prefijo que teníamos apuntado no era de Sacramento. Marcó el prefijo, y lo peor, lo peor que podía pasar, ocurrió. Nos habíamos confundido de ciudad. Estábamos a 40km de nuestro destino.
Voy a intentar, de verdad, hacer la historia corta. Ty llamó de nuevo al tipo del concesionario que tenía nuestra candidata a “Miss VW ‘07 tirada de precio” y le preguntó, para nuestra sorpresa, si podía venir alguien a buscarnos. Para más sorpresa todavía, le dijeron que sí. Algo menos de una hora después apareció por allí Patric en su Lantus negro de asientos forrados de-pelo-de-oso-color-rosa y The Pinguins a todo trapo. Nos llevó hasta su concesionario a 550km por hora por una autovía dirección Reno, peinándonos el pelo con el bajo techo de su Lantus, Ainhoa sentada detrás acompañada por un correcaminos de peluche que tenía el cinturón de seguridad abrochado. Durante el viaje, que a tal velocidad digamos que fue ‘rápido’, Patric de repente nos preguntó cómo pensábamos pagar el Lincon. Con sus más de setenta años encima todavía pudimos ver como le fue cambiando el color de la cara cuando descubrió que estábamos interesadas no en ese preciado y nuevo Lincon del que nos hablaba, sino en la abandonada y mal cuidada Vanagon de la esquina de su concesionario.
Llegamos a su concesionario y la cosa fue rápida. La furgoneta era una mierda. Una vez aclarado esto, volver a casa era nuestra principal preocupación. Nos pateamos una milla y media en busca de una estación de autobús/tren - que a estas alturas del día dudábamos de su existencia - parando para comer en el único restaurante con vida (en el sentido literal de la palabra) de la zona, que resultó ser un mejicano en el que servían burritos rellenos de carne, arroz, judías, ensalada y salsa de yogur, todo junto envuelto en un pan de pita tamaño XXL (burrito que sabiamente Ainhoa bautizó como ‘burrada’). Encontramos la estación, la taquilla cerrada y como única esperanza un horario de autobuses mal colgado. Dos horas más tarde apareció un autobús rumbo a San francisco con un amable conductor que nos gritó que nos sentáramos de una puñetera vez y que pagásemos el viaje en la parada de Sacramento. Ya lejos de Roseville, en la cola de las taquillas de Sacramento y poco dispuestas a pagar nuestro viaje desde Roseville y el consiguiente viaje a SF en un infernal autobús, una simple mirada entre Ainhoa y yo bastó para saber que lo propio era echar a correr y salir por patas de la estación. Por patas que salimos de ahí, atravesando las dos puertas traseras de la estación como dos fugitivas perseguidas por la INTERPOL o, más bien, como si acabáramos de robar dos chupa-chups en el kiosco de la esquina, y para nuestra sorpresa, la gigante guitarra giratoria del Hard Rock nos esperaba al otro lado indicándonos nuestra localización. Corrimos hasta la primera esquina, Ainhoa cual lince y yo detrás, arrastrada desternillada de la risa, con la tranquilidad de saber que nuestra estación de tren estaba a la vuelta de la siguiente esquina.
No sabemos muy bien cómo, y casi sin poder creerlo, a media noche estábamos entrando en nuestro hogareño Hostal Internacional de SF. Hogar dulce hogar…






15 fevereiro 2008

Oyes, mira tu, pues San Francisco... MOLA.

Llevo anhos viendo como Ainhoa se unta delicadamente cada manhana un mejunje al rededor de los ojos para reforzar sus largas pestanhas, y resulta que hasta ayer no tome conciencia de lo que era. Aceite de ricino. Si, aceite de ricino, ese jarabe de tiempos en los que yo no existia, que las madres daban a sus hijos e hijas a cucharadas cuando estos tenian indigestiones y que ademas se usaban, segun la Ainho, como medio de tortura en tiempos mas lejanos todavia. La tortura consistia en embutir litros de este mejunje al castigado, atarlo en mitad de la plaza del pueblo y reirse del pobre desgraciado mientras se iba por la pata abajo y vomitaba, todo al mismo tiempo. Aqui tirada, escribiendo esto, me pregunto como despues de contarme esta historia, Ainho consiguio que le rogara por favor que me diera una cucharada de su preciado jarabe. Y es que en la maleta de unas viajeras como nosotras el Fortasec no falta (esas pastillitas para cortar diarreas), pero a nadie se le ocurrio pensar que unas pastillas laxantes seria algo que desearia con tanta fuerza durante las primeras horas de la manhana de nuestro segundo dia de viaje. Y es que yo no se que conho comi antes de venirme para aqui, pero tras tres dias de molestias intestinales, mis problemas acabaron con una magica cucharada del aceite de ricino de mi companhera. Que vivan los jarabes de antanho.
En fin, despues de esta historia (que me resultaba imposible dejar en el tintero), os hago una breve puesta en escena de lo que han sido estos dos primeros dias.
Ainho y yo llegamos a SF en distintos vuelos; yo supuestamente llegaba cinco horas antes que Ainhoa, y por magia potagia llegue tres horas despues que ella. Para entonces ya eran las dos de la manhana y decidimos pasar la noche acomodadas en la segunda planta de la terminal 2, en los dos ultimos bancos libres en dos terminales a la redonda. Mal dormimos, todo sea dicho, pero no habia Dios que nos quitara la sonrisa de la cara. Y con tal sonrisa nos despertamos, desayunamos, dimos un par de paseos sin sentido por el aeropuerto y finalmente, con los makutos a la espalda, pusimos rumbo al centro de San Francisco. Las primeras horas del dia pasaran a la historia por aquel "welcome to San franciscouuu" del conductor del autobus que nos dejo subir gratis y que para colmo nos regalo un par de tickets para viajar todo el dia gratis por el centro. Con una sonrisa que paso a ser risa tonta, y con nuestros makutos endinhados en un carrito que oportunamente nos encontramos en mitad de la calle, conseguimos llegar a la puerta de la casa de nuestro contacto, Carrie*. Tras esconder el carrito detras de un arbol, peinarnos la raya, y practicar nuestra mejor sonrisa, llamamos a la puerta de la increible casa que respondia a la direccion apuntada. La familia Spring, junto con aquel simpatico conductor, ha pasado, sin duda, a formar parte inolvidable de esta preciosa historia de un viaje que tan solo acaba de comenzar.
Y aqui lo dejo... por lo pronto, que son muchas las cosas que contar pero pocas las ganas de estar frente al ordenador. Pero no me despido sin antes mencionar que la busqueda de esa maravillosa furgoneta ya esta en marcha, y que este donde este, mi Ainho y yo sabemos que la furgo anda esperandonos en una esquina, que tan solo tenemos que esperar a esa grandiosa coincidencia que nos llevara hasta ella. Y ahora si que me despido, que como dice mi Ainho con el ojo todavia pegado de la siesta, "Quien quiera mas detalles, que hubiera venido".
Os mandamos muchos besos desde SF y os damos las gracias mil por esos mensajitos que nos alegran todavia mas los dias.

P.D. Para aquellos que sabemos que estan interesados... prontito noticias del 555 Height Street.

*Brandon, thank you so much!! Where are you?!





10 fevereiro 2008

EL COMIENZO DE UNA GRAN AVENTURA

La fecha: 12 de febrero
Año: 2008
Las personajas: Marti y Ainho
1er Destino: San Francisco
Sueño: Furgo, carretera y manta rumbo sur.

Llegó el día de irse y las maletas ya están hechas. No son muchas cosas materiales las que nos llevamos. Un macuto pequeño cada una, con lo justito para no pasar frío cuando lo haga, ni calor cuando nos de el sol. No pueden faltar las acuarelas, los lápices de colores y los ganchillos que tienen un lugar privilegiado en nuestros macutos. Nuestro permiso de conducir, válido en el infinito y más allá es imprescindible y junto con el, unas ganas locas por comenzar a recorrer carreteras. Para ello nuestro primer reto, en San Francisco, será ir en busca y captura de La Furgoneta. Una señora furgoneta que nos enamore y que sintamos que nuestra aventura no tiene sentido sin ella. Entonces, montadas en nuestra furgo, comenzarán a correr los kilómetros bajo nuestros pies. Kilómetros hacia el sur del continente, siempre al sur.
América en grandes letras aparece en nuestras mentes.Muchos esfuerzos y absolutamente todos nuestros ahorros... por fin llega el día.
Tenemos miedo, un cuerpo lleno de nervios y una sonrisa gigante en la cara; y con todo iremos hacia delante sin ni siquiera plantearnos un vistazo hacia atrás. El miedo, sobre todo a lo desconocido, es siempre parte de cualquier comienzo, y sobre todo de la realización de un sueño. Somos valientes emprendedoras de aventuras sin tiempo ni lugar. O mejor dicho, mediante el viaje cumpliremos el sueño de ser dueñas de todo nuestro tiempo y pequeñas vividoras de muchos lugares. Nos vamos lejos y os llevamos con nosotras, pero queremos sentiros muy cerca, y este espacio servirá para compartir con tod=s vosotr=s nuestras aventuras. Con ello esperamos, deseamos e incluso os rogamos que nos escribáis muchos comentarios saludándonos,deseándonos suerte o mal diciéndonos, y lo más importante, informándonos de fechas en las que queréis visitarnos. Sí, esperamos vuestras visitas a nuestra furgo, y os las tenéis que plantear antes de septiembre del 2008. Así que arriba esos calendarios, éste es el mejor momento para usar la hucha que os regalaron en la comunión.
Sin más demora os decimos hasta luego, las niñas se marchan con mucha ilusión y con tod=s vosotr=s en el corazón.
Marti y Ainho